O el arte de la ira. Un refugio para la obsesión y el cine

Tigres del Aire

TIGRES DEL AIRE (David Miller, 1942)

Es obvio que la España del momento, dirigida por la dictadura del general Franco, que apoyaba a Hitler, Mussolini e Hiro Hito, no permitió su proyección. Así que la copia que hoy nos ha llegado está doblada en mexicano; hasta los chinos tienen voces mexicanas (fingiendo acento chino). Así que incluso en esto tenemos aún un resabio de ese sangriento siglo XX dedicado al odio y la guerra como testimonio a examinar entre la Historia, el Cine y la política.

Por Daniel L.-Serrano (Canichu, el espía del bar)

Edición gráfica por Alicia Victoria Palacios Thomas

Jonh Wayne & Georgia O´Keeffe

Photo

Quizá ésta no sea la película más recordada de ese actor de rasgos duros, y de interpretaciones más limitadas que cantidad de personajes que le otorgaron, llamado John Wayne, el eterno pistolero del cine. En Tigres del Aire (David Miller, 1942) ni siquiera era uno de esos adustos hombres del Salvaje Oeste del siglo XIX norteamericano. Era Jim Gordon, un piloto de aviones de combate norteamericano. El título de la película, Tigres del Aire, está cogido del nombre real de un grupo de mercenarios estadounidenses que prestaban sus servicios como combatientes aéreos allá donde les pagasen por cada avión derribado u objetivo cumplido de guerra. Pilotaban aviones caza Curtiss P-42 Warhawk, esos a los que solía pintarse en su morro la dentadura abierta de un tiburón. Pero no todo era dinero para ellos, también lo era la ideología. Este grupo combatió como mercenarios a favor de la Segunda República Española durante la Guerra Civil Española (1936-1939), y a lo largo de la Guerra Sino-Japonesa (1937-1945), que engarzarán con la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). En aquella guerra Sino-Japonesa, volaron y combatieron a favor de la República China del Kuomintang. No obstante el metraje ficticio comienza con una cita del mismísimo líder de la República China, Chiang Kai-Shek, acerca de la aviación y su defensa del ataque japonés; y hasta en más de una ocasión se muestran cuadros de este militar y banderas del Kuomintang ondeando sobre John Wayne.

Tigres del Aire

John Wayne hace suya la bandera del Kuomintang y la defiende como si fuera la bandera norteamericana. La película fue rodada y estrenada en 1942. No hay que olvidar que el 7 de diciembre de 1941 Estados Unidos de América fue atacada por el Imperio Japonés en las Islas de Hawaii; no había pasado ni un año desde la entrada en la guerra mundial de Norteamérica cuando se estrenó el metraje. Así pues se trata de una de esas películas que se rodaron como propaganda de la maquinaria bélica. La cuestión es que el cine, como otras artes, no es inocente, sino que siempre tiene una intención. La parte final del metraje no tiene desperdicio en este sentido: se dedica una escena íntegra a mostrar el seguimiento por radio del anuncio de la declaración de guerra a Japón en boca del presidente Roosevelt tras el ataque a Pearl Harbor. Hay que reincidir en que la declaración se escucha entera. Aún más significativo es el discurso de uno de los protagonistas identificando la defensa de China y su población como la defensa de la propia Norteamérica, remarcando el deber de defender así la libertad mundial. Para rematar, la música con la que concluye la historia es el himno americano. Una vez más, el ejército chino, su bandera y su presidente son metáforas de libertad y de Norteamérica. 

Jim Gordon (John Wayne) escucha el discurso de Roosevelt. Pulsa sobre la foto para escuchar el discurso.

Puede criticarse a la cinta cierto aire paternalista y de superioridad americana con respecto a la civilización china. No la denigra, pero sí la expone al servicio de los mercenarios más que los mercenarios al servicio de China. La historia que presenta David Miller comienza con un ataque japonés a una base aérea china que defienden los Tigres del Aire. Estados Unidos aún no está en guerra con Japón y todo el metraje gira en torno a la importancia del compañerismo y la confianza entre combatientes para poder ganar el conflicto bélico, o bien para sobrevivir a la par que ganar dinero derribando objetivos. De fondo hay una historia de amor triangular que, aunque resulta fundamental para llegar al desenlace de la última batalla, no convence. O al menos no nos convence hoy día, ni a mí me convence en comparación a otras historias de amor de la época. 

John Wayne y John Carroll. John Wayne y Anna Lee

La película contó con bastante apoyo económico y de medios por parte del Ministerio de Defensa Norteamericano, usando numerosos Curtiss P-42 Warhawk tanto en su aeródromo como volando. Algunas escenas de combates aéreos pudieron haber salido perfectamente de noticiarios auténticos en formato cine. El blanco y negro del metraje permite tratar de engañar al espectador entre la realidad y lo ficticio. Los combates son sin duda lo más llamativo y logrado; debieron llamar mucho la atención en aquella época, exaltando a muchos jóvenes americanos ansiosos de venganza por el ataque japonés. La misma elección de John Wayne es todo un reclamo. Él venía haciendo películas desde 1926 y, aunque lo mejor de su carrera vendría a partir de la década de 1940, ya tenía un gran éxito de taquilla que se ha transformado en un clásico de la Historia del Cine, La Diligencia (Stagecoach, John Ford, 1939). Wayne era, gracias a ello, un ídolo de masas del star system en aquel 1942.

John Wayne en La Diligencia de John Ford, 1939

La película no sólo buscaba hacer taquilla. Probablemente también pretendía lograr reclutas para el ejército, levantar y exaltar la moral nacional y recaudar dinero de gente dispuesta a comprar bonos de guerra. Tal vez hoy día no sea la mejor película de Miller ni de Wayne, pero en su día hizo mella y sus propósitos fueron alcanzados. La taquilla recaudó mucho dinero, y la innovación de las escenas de los combates aéreos la harían incomparable a otras rodadas hasta esa fecha. 

Es obvio que la España del momento, dirigida por la dictadura del general Franco, que apoyaba a Hitler, Mussolini e Hiro Hito, no permitió su proyección. Así que la copia que hoy nos ha llegado está doblada en mexicano; hasta los chinos tienen voces mexicanas (fingiendo acento chino). Así que incluso en esto tenemos aún un resabio de ese sangriento siglo XX dedicado al odio y la guerra como testimonio a examinar entre la Historia, el Cine y la política. México acogió a montones de republicanos españoles exiliados tras 1939, por lo que este doblaje en mexicano es más que significativo, más aún si tenemos en cuenta que México era enemiga de las dictaduras de corte fascista y nacionalista en esos momentos. Así el metraje es ahora no sólo parte del Séptimo Arte, aunque no tan afortunado como otras películas, sino también testigo presencial y protagonista ideológico de los asuntos de la guerra mundial. Una correa de transmisión de ideas en defensa de la Libertad democrática y en ataque de la opresión dictatorial.

Algunas partes del argumento nos pueden recordar lejanamente a otro guión que estaría por venir, con la mejor interpretación de John Wayne; hablamos de ¡Hatari! (Howard Hawks, 1962). Sobre todo recuerda en la relación entre el protagonista principal y el secundario; que no es exactamente la misma que la de esa otra historia africana situada veinte años después, pero yo encuentro algo latente.

Hatari!, Howard Hawks 1962

Lo que también nos sorprenderá anecdóticamente es el final de la película, que nos recuerda lo que en 1945 iba a ocurrir en la realidad y que tanto criticarían los americanos a pesar de que aquí lo traten como algo válido y heroico. Ahí se encuentra lo delicado de este tipo de películas con intenciones propagandísticas más que artísticas o de entretenimiento. Aún con todo, para valientes que quieran visionarla, o bien para cachondos que con la frialdad del tiempo quieran sonreír ante algunas cosas, el mayor logro del metraje es la calidad de las batallas aéreas, que consiguen aún vivirse con emoción.

Anna Lee y la escena final

Daniel L.-Serrano (Canichu, el espía del bar) autor de 
http://www.espiadelbar.blogspot.com/ Noticias de un Espía en el Bar
15 de octubre de 2012.

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2 comentarios

  1. Muy bien escrita, y muy bien contada. Gracias por vuestro trabajo.

    19 de diciembre de 2012 en 10:00

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