O el arte de la ira. Un refugio para la obsesión y el cine

The Third Place

The Third Place, experimentando otros lugares


Lo fascinante de la obra es ese incomprensible micromundo de pesadilla en el que nos envuelve el autor, en el que no podemos dejar de preguntarnos sobre el pasado de cada individuo, qué le ha inducido a ninguna de estas almas atormentadas a acudir a semejante lugar y, aún más, qué es ese lugar.

por Carlos Cristóbal

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Muchos apasionados al cine estamos aburridos de la falta de inventiva y riesgo de las habituales producciones televisivas que ofrece nuestro país. Muy lejos de los magníficos trabajos realizados en cadenas norteamericanas e inglesas como la HBO, la BBC y la AMC, toda serie española parece condenada al mismo formato, ya sea dentro del género del melodrama histórico -rayando en lo telenovelesco-, de las insoportables crónicas para adolescentes o de la comedia de enredo pseudogamberra que se escuda en el desenfado. Por ello, muchos encontramos en las diversas formas de distribución de Internet la clave para una nueva tendencia en las series nacionales. Más allá del video casero para youtube, el Internet abre las puertas a un cine de formato ilimitado que puede simultanear su motivación comercial con el ánimo de crear productos innovadores y de calidad

En este contexto, la webserie de misterio The Third Place (El otro lugar) resulta de lo más esperanzador. Muy recientemente se estrenó en Internet la primera temporada (desplegada en ocho episodios de aproximadamente 15 minutos de duración cada uno) de esta nueva producción independiente española realizada por Álvaro Collar.

La historia se desarrolla en un local de tintes exóticos y atmósfera siniestra. Son las doce de la noche. Hay numerosas mesas distribuidas por la estancia y unos extraños clientes lidian sus asuntos privados ajenos a cuanto les rodea. Todos ellos tienen sus propios secretos y problemas. Todos son enigmáticos, algunos incluso peligrosos. Nadie en su sano juicio se encontraría interesado en permanecer en aquel lugar. Precisamente por ello, nosotros, como espectadores vouyeristas, no podemos dejar de interesarnos por estos misteriosos personajes, llenos de dudas, odio y temor.

Podemos intrigarnos por la trama en su vertiente detectivesca, ya que uno de los hilos conductores de cada episodio es un extraño suceso sangriento acaecido en los baños. No sabemos qué ha pasado, ni qué tienen que ver cada uno de los protagonistas con la posible víctima, aunque nos imaginamos que alguien debe saber algo, alguien debe ser el responsable. Pero realmente lo fascinante de la obra es ese incomprensible micromundo de pesadilla en el que nos envuelve el autor, en el que no podemos dejar de preguntarnos sobre el pasado de cada individuo, qué le ha inducido a ninguna de estas almas atormentadas a acudir a semejante lugar y, aún más, qué es ese lugar,

Y si la atmósfera resulta tan cautivadora es porque su referente omnipresente es David Lynch, sobre todo en obras como Muholland Drive, Carretera perdida o Twin Peaks. Incluso en el propio título podemos encontrar una referencia directa a él, ya que The Third Place es también el título de un spot publicitario que Lynch realizó para PlayStation 2.

Lo más admirable de su intención es que lo consiga, que a partir de un presupuesto y medios técnicos ajustados The Third Place nos sumerja en ese mundo onírico, oscuro y enigmático característico del mencionado autor. Su estilo visual resulta de lo más evocador, al igual que el juego de luces y sombras –con una evidente preferencia por el rojo lynchiano- que ofrece la fotografía, el vestuario y el decorado, el empleo de sonidos tan enigmáticos como sobrecogedores –aunque también son algo redundantes- y la predilección por la música de los años 20 –aunque también suenen grupos actuales como Chemical Disorder, The Screamming Violets y Mokyo Works-. Pero todo ello alternándolo con un terreno mucho más cercano a nuestra cultura. 

The Third Place tiene una estructura modular, cada episodio es una pieza más de ese puzzle a descifrar que es la propia trama, aunque al final echaremos en falta más piezas para comprenderlo. Cada capítulo nos sitúa en el mismo lugar, a la misma hora, donde observamos los acontecimientos de aquella noche desde las múltiples perspectivas de cada personaje; adquiriendo cada cual un mayor protagonismo y profundidad dependiendo de la mirada que ofrece el episodio. En ello encontraremos uno de sus mayores aciertos, en el juego con la multiperspectiva, donde al observar un mismo diálogo desde otro punto de vista, la acción adquiere nuevos significados y mayor interés para el espectador. De esta manera, cada episodio nos acercará más a las intrigas e inquietudes de sus personajes. Mafiosos de alta y bajo estofa, chulos amenazadores y sus prostitutas, un psicólogo-gurú y sus dos pacientes, dos hermanos de apariencia anacrónica (uno de ellos vestido como un nazi trasnochado), una reunión de negocios entre dos asiáticos y un americano, un camarero perturbador, un jugador de cartas, una mujer solitaria, una pareja en el lugar equivocado… Todos ellos, como atrapados por un mismo sueño, se encuentran igual de agitados, algunos perdidos, otros en trance. 

“La puerta está abierta, pero no puedes salir”

Como adelantamos, Álvaro Collar es el responsable del proyecto en casi todos sus niveles: guión, dirección, financiación y montaje. Si este joven realizador ha sabido plasmar la atmósfera de la obra de Lynch es precisamente porque su trayectoria creativa también tiene herencia del cine experimental y del videoarte.

 En su página web pueden encontrarse diversas piezas de experimentación, algunas con carácter más personal y otras con una similar línea onírica, como puede dar muestra de ello el cortometraje La huella.

El fundador del colectivo de videoarte Haz!,  ha expuesto sus trabajos a nivel internacional, destacando en nuestro país en salas y festivales relacionadas con la experiencia creativa del móvil (Movilfilmfest, mobile Art…). Y es que en su interés por la experimentación ha trabajado desde sus comienzos con las posibilidades audiovisuales que ofrecen las cámaras de móvil. Con esta tecnología, Álvaro Collar ensaya en la creación del “Micrometraje” -nombre con el que denomina a la mayoría de sus obras-, piezas con los que pretende motivar emociones en el espectador a partir de un tiempo reducido, del uso de pocas palabras y de la ausencia de explicaciones. El cortometraje Vicus es un buen ejemplo de ello. Actualmente también se encuentra desarrollando The Groom una web serie experimental ambientada en diferentes lugares del planeta.

Imagen del micrometraje “Mirage”.

Lo que resulta algo paradójico es que en esta nueva serie deje de lado su afán experimental. Todo resulta tan Lynch que se echa en falta la creatividad del propio autor, el cual pasa de la libertad formal al encadenamiento con la fórmula de la que se inspira.

 “Me interesan más los colores y las texturas que una imagen legible, porque estoy convencido de que las sensaciones viajan más rápido en la abstracción.” En aquella entrevista, Álvaro Collar se refería a sus creaciones con cámaras móvil de mínima legibilidad, pero su reflexión se puede ampliar a toda  su obra, e incluso a sus guiones. Y es que en The Third Place desenfoca la misma trama, sugiriendo una historia más que mostrándola. La atmósfera prima sobre la historia, de manera que el espectador siente que le faltara metraje incluso al término de su primera temporada. Nos quedamos con ganas de más, y no solo por lo evocador del proyecto, sino porque apenas hemos avanzado en el conocimiento y desarrollo de su contenido.

Pero, a la vez, su conclusión de carácter unificador nos hace entender este tramo de la serie, este misterioso desencuentro en aquel extraño local (en la vida real es el restaurante árabe “El paraíso del desierto”), como el preludio de algo mucho mayor y más ambicioso, una buena excusa para abrirnos el apetito de un producto que promete ser más alentador en sus siguientes temporadas.

La digna intención de este mejorable proyecto nos permite adivinar que con una mayor inversión económica y una elaboración menos abstracta y más concreta del argumentoen la que, al igual que toda serie norteamericana, un equipo de guionistas estuviera a disposición de su creador- The Third Place podría llegar a ser una producción tan innovadora en nuestro país que pocos podrían resistirse a experimentar este viaje al otro lado del espejo, una inmersión audiovisual fascinante de estética impecable.

Todos los amantes de la obra de Lynch tienen una cita obligatoria con esta webserie, al igual que todos aquellos sedientos por descubrir nuevas obras españolas de televisión o internet que se salgan de los parámetros habituales.

Madrid, 4 de septiembre de 2012

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