O el arte de la ira. Un refugio para la obsesión y el cine

Prohibida en varios países árabes, entre ellos Túnez y basada en la novela de Al Aswany, con una costosa producción para una película egipcia de tres millones de dólares, recrea a sus personajes en un emblemático edificio del Cairo que fuera espacio de lujo en otros tiempos, ahora cobijando a políticos infectos, hombres de negocios, aristócratas decadentes y personajes de escasa condición económica que se ven forzados a vivir en la azotea.


El edificio Yacobián, ecosistema disfuncional

por Mariti Olmedo

Saber del escritor es importante puesto que es uno de los intelectuales árabes de mayor prestigio en el mundo y un incansable luchador por los derechos humanos. Tanto en sus artículos como en sus obras de ficción, Alaa al Aswany denuncia continuamente a la corrupción, hipocresía e injusticia que asolan a la sociedad egipcia. La opinión que le merece esta cinta de aroma francés es que se plasma respetuosamente su novela pero con cierto aspecto de soap opera. Sería difícil no caer en ello puesto que el edificio alberga a todo un colectivo heterogéneo de personas. Como dice El País, una mezcla de la famosa tira cómica de Francisco Ibáñez La 13 Rue del Percebe y la serie televisiva de origen británico Arriba y abajo (Upstairs, Downstairs, 1971) ya que el microcosmos del edificio se erige como metáfora, esta vez, de la sociedad egipcia.

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…Las vidas de sus habitantes reflejan los tumultuosos acontecimientos del siglo pasado, desde la Segunda Guerra Mundial hasta la primera guerra del Golfo y el aumento de la militancia islámica.

Hace unos días Amnistía Internacional difundía esta noticia:

El pasado 9 de marzo, el ejército detuvo al menos 17 mujeres por participar en manifestaciones en El Cairo. Todas fueron llevadas a una prisión militar donde un hombre las sometió a ‘pruebas de virginidad’ amenazándolas de que las que no fuesen vírgenes serían acusadas de prostitución.

Entender este tipo de cosas puede resultar difícil, especialmente a las nuevas generaciones. Para los que vivimos no hace tanto tiempo una España víctima de un régimen totalitario y machista, (parece que todo va en el mismo lote), estos acontecimientos nos parecen indignantes pero no sorprendentes. Conociendo este tipo de hechos entiendes aún mejor algunos de los personajes femeninos que aparecen en el film como Buthayna, una muchacha que subsiste mediante el arcaico método de la seducción.

-Los personajes están exhaustos, arruinados, deprimidos o se declaran en rebeldía contra sistemas políticos que parecen haberles tratado como a cobayas.

Bajo el calor de los focos mediáticos nos cuentan ciertos portavoces que los sucesos de los meses pasados y el espíritu de la insurrección árabe –por la dignidad y la justicia, más que por cualquier emirato islámico– permanecerán cientos de años en nuestros libros de historia.

Por la dignidad y la justicia… ¿Acaso no era un régimen apoyado por todos los países, muy especialmente por Estados Unidos, adalid de la democracia y los derechos humanos? Pues parece ser que no. Ahora nos enteramos de que las cosas no eran tan buenas para el pueblo y nos dicen que Mubarak ha logrado mantener firmes a la oposición contra viento y marea por métodos poco democráticos. Dos rasgos esenciales de su régimen son la represión del islamismo y la corrupción que reina en todos los estamentos del Estado, incluida la policía, que han convertido a Mubarak en un político odiado por mucha gente, especialmente en los últimos años.

Todo esto nos lo muestra Al Aswany en su libro llevado al cine.

¿Exagerados sus personajes? Después de leer las noticias que continuamente nos llegan “El edificio Yacobian” va ganando cada vez más en credibilidad.

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Eran valientes, en su mayoría pacíficas, esas decenas de miles de personas. La vergüenza fue el escandaloso comportamiento de los battagi -la palabra en árabe significa matones- vestidos de paisano, que apalearon, patearon y atacaron a los manifestantes, mientras los polis miraban impertérritos. Esos hombres, la mayor parte ex policías drogadictos, eran anoche el frente de batalla del Estado egipcio, los auténticos representantes de Mubarak, mientras los agentes uniformados regaban con gases a la muchedumbre.

Podría ser el final. Es ciertamente el principio del fin. En todo Egipto, decenas de miles de árabes hicieron frente a los gases lacrimógenos, los cañones de agua, las granadas aturdidoras y la munición real para reclamar la salida de Hosni Mubarak después de más de 30 años de dictadura.

La película es larga pero te sumerge tanto en esa sociedad tan variopinta que, si no la estás viendo a las dos de la mañana, se hacen cortas las casi tres horas de proyección.

¿Es buena la fotografía, la dirección…? Ni idea. Es que me he dejado arrastrar por esas historias y no soy capaz de ver más. Historias que sacan a la luz la realidad incuestionable de la corrupción policial, una homosexualidad que sigue siendo tabú, el adulterio desde un punto de vista completamente parcial a inaceptable, la prostitución, la represión, el terrorismo o el integrismo religioso que forman parte de la vida de los habitantes de este inmueble de El Cairo.

Tan sólo terminar con un comentario realizado en febrero por el autor Al Aswany, en pleno auge de los movimientos espontáneos por la democracia en Egipto:

¡Que admirables me parecen los jóvenes manifestantes ante los que hablé el otro día, esos egipcios unidos contra las injusticias y que comparten una ira que nadie va a poder dominar!.

Ojalá (aw šá lláh) que sea así, que la ira y la indignación de los jóvenes la logren encauzar para un mundo más justo.

Alcalá de Henares, 3 de julio de 2011

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